Tengo una broma adentro de la boca; tengo una broma que quiere explotar en una risa incómoda. Un desubicada broma que me aqueja desde temprano por la mañana, hasta un poco pasado la media noche. Una broma consecutiva que desencadena otra broma pequeña, pero densa. Se funde por mis ojos risueños antes de la palabra. Pienso en tu rostro difuminado y evito dejarla salir por seguridad ante la angustia, por la hostilidad de una broma mal dicha.
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