Siento la cabeza rota, con un agujero donde se funde un tronco que me hace árbol, con ramas que salen por mi boca y un par de hojas asomadas por mis manos. La fisura se extiende por mi espalda alcanzando mis pies por las noches.
Se separa lo agrio y lo dulce, lo que se dice y lo que no. No me siento buena en ello, tampoco sé que hay en cada lado. A veces nada, en otras el desconsuelo y la frustración de no ser quien quiero ser. De tener una fisura que no confunde lo generoso de lo ambicioso.
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