Se me seca la boca masticando pétalos de rosas. Y tú me miras mordiéndote los labios, apostando una sonrisa descolorida que se opaca con el sol. Me descuido de los malentendidos en un refugio que naufraga por las sábanas, alejando los restos de sombras ásperas, tropiezo con los cristales del suelo y tú me dices que vaya con más cuidado porque tengo los tobillos débiles y distinguidos que crujen cuando los muevo.
Me despierto por las noches para ver si aún tengo pétalos en la boca, y no tengo pétalos, no tengo rosas. La saliva se agudiza como olas del mar bajo mi paladar, el silencio me hace temblar, tensiono mis piernas como firmes cuerdas que arraigan mi cuerpo a la cama, sujetándolo por si vuelven las imágenes, por si vuelven los pétalos.
Me despierto por las noches para ver si aún tengo pétalos en la boca, y no tengo pétalos, no tengo rosas. La saliva se agudiza como olas del mar bajo mi paladar, el silencio me hace temblar, tensiono mis piernas como firmes cuerdas que arraigan mi cuerpo a la cama, sujetándolo por si vuelven las imágenes, por si vuelven los pétalos.
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