Lucesitas de óleo cruzándose por el desvestido cielo como cicatrices que vuelcan la mente al recuerdo, antes que al olvido. Un poco más de nácar y naranjo para la visibilidad del que camina, y algo más de azúl-morado para el que pernocta ¿o al revés?
Escarbemos más para ver qué pasa con las edificaciones vueltas sombras, con el color cemento austero y frío. Tan frío que despoja las sábanas destapando los cuerpos hasta llegar al alma con un toque punzante. Tan frío que succiona el color de las lucesitas óleos para llegar a sentir lo que se siente cuando hay un poco más de vida con color. Por si la pluma del sentido le ofrece lógica a las noches, si no ¿para qué tan carentes de pintura?
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